DESCONECTADA


Lluvia de sentimientos desconcertantes 
Noticias anunciadas de una cuarentena
¿Vacaciones o encierro?
Tiempo de reflexión diría yo.

Hace cuanto que no pasamos más de dos días en casa.
En una ciudad tan desordenada, dónde todos buscan respuestas rápidas, es difícil tener la suave virtud de la paciencia.
El altruismo es una característica importante en una sociedad, donde en un mundo consumista que busca el bien propio es difícil provocar ese tipo de singularidad.

Algunos dicen que cada quien baila con su propio pañuelo. Esto tiene sentido cuando casi el 80% de la población tiene que sobrevivir por sus propios medios (comercio informal).
No quiero decir con esto que el conformismo corre por nuestras venas (aunque a veces así parezca), todo lo contrario, pienso que muchas personas salen adelante en la necesidad de llevar algo a casa, de la manera en que les sea posible, sea la venta de periódicos, de bocadillos, de productos llamativos que puedas ofrecer a un transeúnte que deambula por ahí. Pequeños y grandes buscan la forma de sobresalir y de coexistir en un sistema desigual, que aterrizándolo a la realidad “momentánea” desemboca en más angustia y desconsuelo de aquellos que no tiene un trabajo fijo o un sueldo seguro que lo ayudara en esta cuarentena. Además de hacer más grande el gran abismo de esa divergencia.

Sin embargo, justo en ese oscuro hueco encontramos una gota de luz, esa que nunca perdemos y que aparece después de una lagrima caída. Esa que alumbra hasta el pensamiento más oscuro, esa que te impulsa a pensar en algo productivo e innovador. Esa que este pueblo no pierde, esa que se llama esperanza.

En este vaivén de emociones que siento, intento definir mis pensamientos en positivos. Las enseñanzas de mis padres me empujan a hacerlo; así buscar unas voluntariosas ganas de ayudar en lo que sea necesario. A pesar que la indiferencia de algunos se clave como una daga que a veces me quite el aire.
Pensar en la indiferencia me causa ira y desconsuelo; el mayor virus que puede tener un grupo humano es el egoísmo. Con esto la incapacidad de no querer aceptar la realidad. La vida es relativa en el tiempo; puede sentirse larga o corta, pero no se puede sentir si no existe vida de la que hablar.

¿Qué estamos aprendiendo con esto? ¿Realmente éramos felices? ¿Aprenderemos? No lo sé.
Pensar que mañana es sábado y que en mi recordatorio de galería de Google me aparezcan fotos de mi familia y yo en la playa o alguna foto tomada saliendo de una fiesta, me empuja más a la reflexión. Es ahora cuando nos damos cuenta que el dinero no sirve más allá que para cosas necesarias, que las zapatillas de marca o ropa de diseñador no nos sirve para barrer el balcón, que como me dijo mi padre: el día de hoy es importante guardar pan para mayo. Que mis críticas con respecto a su obsesión con el dinero era la fruta que iba comer en la noche, pero a pesar de eso se sentía bien de poder hacerlo, también de tenernos juntos con vida. Conocer a mi familia de cerca escuchar lo que piensan o el simple hecho de tener un hogar y a ellos vivos conmigo me reconforta. Pensar en cómo extraño mi balón naranja y esos entrenamientos por las noches me llevan a que más allá de querer jugar baloncesto es que quiero ver a esa linda gente que me acompaña siempre. Ahora valorare más cuando pueda ver a mis amigos y siquiera poder abrazarlos. No es lo mismo ver los paisajes de la ciudad o del mundo detrás de una pantalla fingiendo estar ahí.

Ahora más que nunca es que entendemos lo que significa libertad, no es aquella que con dinero puedas comprar, es cierto el dinero te brinda cierta independencia, no obstante, en momentos como estos la comparación entre dinero y una vida es nula.
Esto me lleva a la última pregunta de la noche: ¿Qué es libertad?
Libertad es poder existir, poder caminar, es ver una reja y poder treparla, o ver un muro y poder tumbarlo para poder llegar al otro lado si es ahí donde están nuestros sueños.

Comprendo que existan personas que no entiendan, además de alguna forma no las culpo ya que la ignorancia siempre será atrevida. No obstante, conozco una forma de poder mejorar, como país, como ciudadanos y como peruanos. No es algo muy difícil, es simple, está en nuestras venas desde nuestras raíces indígenas del Tahuantinsuyo esa que fue sacada adelante con el trabajo en conjunto, es la ayuda al prójimo. De repente no todos somos médicos, militares, personas de altos cargos o barrenderos que puedan estar en las calles ayudando en estos momentos; por el contrario, somos personas que tenemos ánimos de ayudar con dar un granito de arena. Tenemos la mejor herramienta, la que estará para toda nuestra vida con nosotros: nuestra inteligencia; usémosla y si no sabemos cómo, aprendamos a hacerlo. Es el momento para definir qué es lo que verdaderamente queremos ser en el futuro, hagámoslo con conciencia, poniendo el bien común como cosa primordial.

 No olvidemos que hay un error en el pasado que se repite en la actualidad, que esta especie de purga sirva para matar ese virus que está en nuestra sociedad que no se llama COVID-19 sino egoísmo.


Hoppe.

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