DÍA 15 DE CUARENTENA
Soy una de las ratas blancas del laboratorio. El
experimento está listo y hoy, más que nunca, tengo prohibido salir de mi jaula.
La ansiedad es el relleno de mi desayuno, la entrada en mi almuerzo y el jugo
en la cena. La televisión descansa luego de mostrarme las cifras oficiales de
cuántos infectados hay; después, decido ver películas, siempre escogidas al
azar porque muchas de ellas las he visto ya. Mi móvil se volvió una extensión
de mi cuerpo. Estoy más adherido a él en estos tiempos, me despego un tanto de
las cuatro paredes en las que vivo, ya sea para conversar con amigos, con
familiares o revisar mis redes sociales. En esta última “la tendencia” es el
virus: el virus es global, es pandemia, todos hablan de ello, todo es ello; le
dio un golpe al mundo, a la economía y a lo peor: mi psicología.
Me
convirtieron en un arma andante, al igual que el resto de las personas que
están a mi alrededor, mi saliva, al parecer, es el cartucho de balas
transparentes. Es incómodo y despreciable que luego de tener contacto con otros
deba restregarme con agua y jabón por miedo a ser infectado, y así en
viceversa; el tapabocas se convirtió en mi mejor aliado, es el que más confía
en mí cuando hablo, el único que no juzga cuando toso. Jamás imaginé que
formaría parte de una de esas tantas películas de ciencia ficción, que solía
ver un domingo en la tarde cuando me quedaba aburrido en casa, con el mismo
guión aborrecible: exterminar parte de la humanidad, porque sí, porque al
sistema le parece que somos muchos. Ese sistema que alimentamos a diario es el
mismo que hoy nos quiere muertos.
Hasta ahora no tienen idea del tiempo que
este virus pueda permanecer entre nosotros, la cura para ello parece ser tan
utópica como la propia libertad del hombre, nos deja ansiosos. Los chinos, los
rusos y los norteamericanos trabajan en ello, pero no lo hacen para el
beneficio de nosotros, sino para demostrar quién es el más poderoso en el mundo
y así enarbolar la bandera para que luego tengamos que brindarles alguna
especie de tributo a sus colores. Es la lucha de las ideologías.
Afuera
todo parece volver a la normalidad, en las grandes ciudades por ejemplo, la
naturaleza y los animales se adueñan de las calles. Dentro de mí solo existe
preocupación, al fin y al cabo, eso es lo que los científicos de este
laboratorio buscan: jugar con mi miedo. Mientras todo pasa seguiré en mi jaula
dando vueltas en el trampolín, esperando que le den fin a este experimento.
Antonio.



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