LA DELINCUENCIA


Un virus perenne desde tiempos remotos

Tercera semana de cuarentena, los días no se hicieron esperar; aún muchos de nosotros tratamos de seguir al pie de la letra las medidas establecidas por el gobierno. Sí, digo ¨tratamos¨ porque es difícil adaptar nuestro estilo de vida a un total encierro para protegernos de un enemigo invisible. Sin embargo, ¿realmente solo debemos mantenernos a salvo del COVID-19? A partir de este confinamiento, puedo dar cuenta que algunos han expuesto su lado más solidario, mientras que otros, nos revelan su naturaleza más corrupta y hostil.



En una de las declaraciones de mediodía del presidente de la república, dijo que: durante la cuarentena el índice de delincuencia había disminuido en un 84%. Esto fue considerado como una victoria y aplaudido por la mayoría. No obstante, aún existe ese 16% del que todavía corremos peligro, no necesariamente estos casos se dan en lugares donde se tengan lo índices más altos de criminalidad, porque esto puede darse en la esquina de la casa de cualquiera de nosotros.

Parte de mí, piensa que las personas que asaltan en medio del estado de emergencia nacional son gente que en serio necesita sacar algo de dinero para poder solventar sus necesidades. Claro, que, muchísima gente no puede salir a trabajar, ¿quién ante estas limitaciones no estaría desesperado?

Esto, no quiere decir, que no sea consciente de la existencia de personas que han sido amigos y amantes de lo ajeno desde mucho antes que empezara la cuarentena. Al salir de casa no solo nos exponemos a contraer la enfermedad, sino que nos arriesgamos ante este tipo de personas que, por dinero y objetos de valor, serían capaces de matarnos.

El último viernes por la mañana, Luis y Beatriz, una pareja de esposos, decidieron ir a comprar juntos al mercado de su casa. Antes de voltear a la esquina, que va en dirección al mercado más cercano, se estacionaron dos motos lineales cada una con dos personas montadas. La pareja les cedió el paso naturalmente, creyendo que eran sus vecinos. Las motorizados pusieron contra la pared a Beatriz mientras que otro sujeto empezó a pelearse a puño limpio con Luis, golpes iban y venían hasta que la joven se percató que uno estaba sacando un arma de fuego; ahí es donde ella gritó y él dejó de pelear cediendo así el celular, porque por suerte o la emoción del momento, no llegaron a verle la billetera. Debido al bullicio generado, los vecinos empezaron a salir y los asaltantes huyeron.

Podemos concluir que la vida en ese momento tuvo el mismo valor que un celular, o pudo haberlo tenido si es que Luis no lo entregaba a tiempo. Y así como este caso, he oído muchos testimonios de amigas, vecinos y familiares, de los cuales, la mayoría han sido perseguidos por motos lineales.

Al parecer este modus operandi es mucho más efectivo durante el confinamiento, ya que hay menor afluencia de vehículos, y sin tráfico, es mucho más fácil escaparse. No me gusta generalizar, pero en estos tiempos tan difíciles hay que ser más precavidos y estar más alertas, porque más allá de protegernos de un solo virus, también debemos ser conscientes que existe un virus perenne desde tiempos remotos, la delincuencia.

Tintin L.

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